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Manzanares, Manzanares

Descubre Manzanares secretos de los que en él se bañan.

 
«Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
prácticamente de Jarama,
buena pesca de maridos;

tú que gozas, tú que ves
en verano y en estío,
las viejas en cueros muertos,
las mozas en cueros vivos;

así derretidas canas
de las chollas de los riscos
remozándose los puertos,
den a tu flaqueza pistos.

Pues conoces mi secreto,
que me digas como amigo,
qué género de sirenas
corta tus lazos de vidro».

Muy ético de corriente,
muy angosto y muy roído,
con dos charcos por muletas,
en pie se levantó y dijo:

«Tiéneme del sol la llama
tan chupado y tan sorbido,
que se me mueren de sed
las ranas y los mosquitos.

Yo soy el río avariento
que en estos infiernos frito,
una gota de agua sola
para mojarme pido.

Estos pues andrajos de agua
que en las arenas mendigo,
a poder de candelillas
con trabajo los orino.

Háceme de sus pecados
confesor, y en este sitio
las pantorrillas malparen
cuerpos se acusan postizos.

Entre mentiras de corcho
y embelecos de vestidos,
la mujer casi se queda
a las orillas en lío.

¿Qué cosa es ver a una dueña,
un pésame dominico,
responso en caramanchones,
medio nieve y medio cisco,

desnudarse de un entierro,
la cecina de este siglo,
y bañar de ánima en pena
un chisme con dominguillos?

Enjuagadas de culpas
y caspa de los delitos
son mis corrientes y arenas;
yo lo sé, aunque no lo digo.

Para muchas soy colada,
y para muchos rastrillo;
vienen cornejas vestidas,
y nadan después erizos.

Mujeres que cada día
ponen con sumo artificio
su cara como su olla,
con su grasa y su tocino;

mancebito azul de cuello
y mulato de entresijos,
único de camisón,
lavandero de sí mismo.

No todas andan en carnes
las señoras que publico,
que en pescados abadejos
han nadado más de cinco.

Por saber muchas verdades,
con muchas estoy malquisto;
de lindas, si las callo,
de feas, si las digo.

Ya fuera muerto de asco,
si no diera a mis martirios
Filis, de ayuda de costa,
tanto cielo cristiano.

Río de las perlas soy,
si con sus dientes me río;
y Guadalquivir y Tajo
por lo fértil y lo rico.

Soy el mar de las sirenas,
si canta dulces hechizos;
y cuando se ve en mis aguas,
soy la fuente de Narciso.

A méritos, con su mirar
soy Lete, y las olvido;
y en peligros y milagros,
hace que parezca Nilo.

A rayos, con su mirar,
al sol mismo desafío;
y a las esferas y cielos,
a planetas y zafiros.

Flor a flor y rosa a rosa
su abril se precia de lindo,
de sus mejillas le espera
cuerpo a cuerpo el Paraíso.

Las desventuras que paso
son ésta que he referido,
y este el hartazgo de gloria
con que sólo me desquito».

De El parnaso español. Talía: Musa VI (1648)