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Divorciada

Más de dos años divorciada,
harta de hombres, buscando
no sabes qué para un orgasmo,
terminaste en mi casa llorada.

Acerqué tu cabeza a mi pecho,
y furtivamente te di un beso.
Abriste tus brazos para atraparme.
Abriste tus piernas para dejarme

libre la entrada a tu coño cálido,
a tus labios internos, al regalo
de tus jugos vaginales salados,

al dulce espasmo de tu orgasmo.
Te decidiste a lamer mis senos,
mi coño, y la soledad se fue al infierno.