Volver

Estaba dormida

Estaba en la cama dormida,
y sentí tu cuerpo en mi espalda,
tu mano buscando la luna 
en mis pechos, tus labios mi nuca.

Tus dedos se enredaron en mis pelos,
internándose en la espesura,
encontrando las honduras
de las fuentes termales sin remedio.

Traté de besarte, pero no me dejaste.
Tus pechos firmes en mi espalda
no querían que te acariciase.

Sólo yo gocé los placeres
de tus manos en mi sexo.
Sólo mi orgasmo sucede.