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Tantas veces desnuda

Te había visto tantas veces desnuda:
en la sauna, el vestuario y la ducha... 
Y tantas veces en el mismo cuarto,
en la concentración, entrenando.

Pero nunca te había visto encendida
pidiendo a gritos un orgasmo.
Por eso me acerqué y te di mis manos,
y tras la sorpresa tu mejor sonrisa.

Mis labios besaron el pezón de tu pecho.
Mis manos buscaron tus labios abiertos.
Mi lengua buscó tu clítoris, tu vagina,

y acarició los pliegues del coño interno,
intentando lamerte sin tregua por dentro.
Y a cambio tus manos, tu lengua y mi risa.