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Mi vendedora

Todos los días llegas a casa cansada
de intentar vender, puerta a puerta,
a mujeres maquillaje a la mejor oferta.
Pero a veces te encuentras un hada;

entonces le lavas con mimo la cara,
y detienes tus manos en cada mirada,
y me vienes corriendo excitada
a pedirme que te quite las bragas.

Yo te subo despacio las faldas.
Con el índice tiro del mínimo tanga.
Veo en tu vello que estas mojada.

Mis labios ardientes recogen los jugos
que han ido, despacio, regando tus muslos
y mi lengua sorbe tus labios, a gusto.