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Querida amante

La primera vez me atrajeron tus pechos,
tus caderas de mujer, tu talle de avispa,
tus grandes ojos verdes, tu franca sonrisa.
Luego fue el sabor de tus labios densos,

el olor de tu piel recién lavada, tu tacto
eléctrico cuando las yemas de los dedos
recorren despacio los rincones más secretos.
Por fin fueron los mares que encierran tus labios,

el clítoris escondido que sale cuando llamo
con mi lengua, cuando busco tu vagina 
con los dedos, con el látex, con la mano.

Y tu lengua con la mía jugando en los dientes.
Y tu mano, regalando a mis pieles caricias.
Y tus dedos, tan largos, en mi útero ardiente.