Fue en una excursión
organizada.
Nos ponen juntas para
evitar suspicacias.
Después de ver
todos los museos
nos quedamos solas para
echar un sueño.
Te quedas entera desnuda
en la cama.
Me muestras tu coño
poblado y me dices
—¿Qué te
parece este conejo?— y pasas la palma
de la mano. —No seas guarra—,
y sonríes.
Sin embargo no puedo quitarte
los ojos.
Observar cómo te
metes un dedo en el coño.
Me encuentro excitada,
y me pongo más cerca.
De pronto me encuentro
sacando la lengua.
Lamiendo la rosa que llevas
tan dentro.
Me bebo tus aguas, y me
gustan tus pechos. |