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Pensando que no estabas

Pensando que no estabas,
y sabiendo que nunca haces la cama,
entré desnuda a olerte las sábanas.
—¿Qué haces?—, gritaste, y corrí asustada.

Tu cuerpo se interpuso y caí en tu cama
desnuda, abierta de piernas, jadeante.
Te dije —Me marcho esta tarde de casa—.
—No esas tonta—, susurraste, y te desnudaste.

Te pusiste encima y me diste un beso
largo y profundo. Tu mano me abrió
la vulva del coño y me metiste un dedo.

Me lamiste los pechos, y el monte poblado.
Te lamí el coño desde arriba hasta el ano.
Y probé tus mares, y te di mi orgasmo.