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Mi chalet de la sierra

Te dejaron tus padres en mi chalet de la sierra,
respirando aire puro, broceando las tetas.
Registrando mi armario hallaste un látex.
Pensaste: ¡qué guarra! ¿no tendrá un amante?

Me estaba bañando y quisiste burlarte.
Apareciste en tanga blandiendo el objeto,
y yo azorada me sentí al descubierto.
Salí corriendo tras de ti, y al atraparte 

te tuve en mis brazos y quise vengarme.
Te di un beso con lengua para espantarte.
De pronto sentí que se abría tu cuerpo.

Tus brazos, tus piernas ataron mis cueros. 
Te arranqué el tanga, te metí un dedo.
Estabas mojada. —Más sexo, más sexo—.