¡Junio es tan caluroso!
¡Y más estudiando!,
que apetece andar en pelotas
por el cuarto.
En un piso de estudiantes
de mujeres solas;
brillando la piel de sudores
que piden olas,
y mares. La cama es un
lugar de descanso.
Te acuestas relajada con
las piernas abiertas.
Y yo bromista y jugando
me acuesto a tu lado.
Me miras, sonríes
y te abres el coño traviesa
—¿Por qué
no me ayudas a quitarme el infierno?
Que estoy excitada y no
tengo ni un beso—.
Me levanto ofendida, y
veo tu coño abierto.
Mis manos no pueden reprimir
una caricia,
y te veo arquear la espalda
al tacto del dedo,
y a cada caricia brillar
como una ninfa. |
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