| Cuando todos se marchan
llegamos
nosotras, a limpiar la oficina a diario. Nos cambiábamos de ropa en precario. Tú tenías el cuerpo macizo; un regalo. El trajín del trabajo
traía sudores
Un día, desnuda,
me robaste un beso.
Te abriste de piernas para
mis dedos.
|
![]() |