Habíamos quedado
para ir al cine,
y viniste a buscarme a
mi casa.
Aún estaba corriendo
en bragas
sangrando en armario,
sin decidirme.
—Ayúdame con la
ropa—, te dije,
y tú me ayudaste
a quitármela toda.
Las yemas de tus dedos
me volvieron loca
¡tan fina en mi
piel!, ¡tan tierna!, no fingen
caricias que no quieres
darme.
Son todos los besos del
mundo de arte,
me llevan, me sacan regueros
de amante.
El peso de tu cuerpo desborda
trabajo
y placeres, cuando mi
lengua de amante
recorre tus labios de
arriba abajo. |
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