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Un domingo en el río

Nos fuimos, un domingo, a bañarnos al río.
Habrá tanta gente que no veré un sitio.
Encontramos un pozo tranquilo.
Nos bañamos esperando oír gritos.

Avanzó la mañana y no aparecían
ni familias, ni coches, ni ojos indiscretos.
Nos dimos un beso, y buscamos los secretos
más íntimos, debajo de la tela que no cubría

más que un poco el pecho y el coño discreto.
Comenzaron mis dedos a buscar entre los pelos
del coño tu clítoris, tu vagina, tus labios.

Mi boca se hizo con el pezón de tus senos. 
Y sentí tus manos jugando por dentro,
y atrapé tus dedos, mojados, tan sabios.