Después de los
hombres, casada,
llegaron tus besos de
gata.
Yo, que nunca lo había
probado,
quedé arrebatada.
¡Eran tan fieros
tus besos!
¡Eran tan tiernas
tus manos!
¡Eran tan expertos
tus dedos!
Que no quedó rincón
sin regalo.
Mas fue la locura cuando
tus labios
atraparon mis labios secretos
y tu lengua me lamió
por entero.
A mí, al principio
me dio asco,
mas si había tenido
en la boca un falo
porqué no beber
de tu sexo. Y fue eterno. |
 |