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Dormida

Estaba dormida y desnuda
encima de la cama en verano,
y viniste a medir con tu mano
mis labios y mi piel, con ternura.

Antes de encontrar el desvelo,
encontré los labios de un beso,
y todo el peso de tu cuerpo,
pecho a pecho, sexo a sexo.

Abrí las piernas para dejarte hacer
caricias con la lengua. Y comencé a perder
los pocos sentidos que podía tener.

Tu nariz abrió, como el arado, mi raja.
Tras ella tu lengua sembró los placeres.
Yo, desvelada, los regué con mis aguas.