Volver

Llegamos al tiempo

Llegamos a casa al tiempo, cansadas
con ganas de una ducha rápida, ambas
tiramos la ropa a la cama, con prisa,
y nos metimos las dos en el baño, enseguida.

—Dúchate tú primero—, mentimos
y saltamos a la ducha, al tiempo.
—Por lo menos podrías frotarme la espalda—
y te froté la espalda, y los pechos,

y el pubis, y los labios más íntimos,
y tus manos suaves me respondieron,
y me dieron caricias en toda la raja.

Y con miel en las sienes nos dimos un beso.
Con un dedo muy largo tapando la brecha.
Arqueando la espalda de puro contenta.