Cansada de una tarde de
trabajo
me fui a descargar al
gimnasio,
tan tarde que no había
nadie,
tan sólo tú
con las llaves.
Impaciente fuiste a buscarme,
me viste en la ducha desnuda,
haciéndome un dedo
cobarde,
con miedo de que me descubras.
Tus ojos brillaron al verme.
Y la prisa se fue de repente.
Nos dimos un beso, y mojaste
tus pechos
turgentes. Tu coño
pidiendo mis manos
mis dedos, mis besos que
yo quise darte.
A mí, por mí
te entregaste. |
 |