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Tras la ducha

Tras la ducha, ya limpia y preparada
con la piel oliendo a teja
me diste un beso en la cara
y mi lengua buscó tu oreja.

A mis pies dejé caer la toalla 
y tus labios buscaron mis pechos.
Enredé mis dedos en tu vello
y me metiste un dedo en la raja.

Me llenaron de placeres urgentes
los ritmos eléctricos de tus dedos
que marcaron los labios

que llegaron tan dentro
que tocaron las fuentes
de los mares intensos.