Y el lodo fue tu pecho perfecto, tan firme y tan tierno. Y todo fue la curva de tus piernas, que se pierden en líneas internas.
Y tú, relajada, comenzaste a abrirte. Y yo, excitada, comencé a subirme a tu cuerpo de gata.
Y di mi coño a tu cara. Y di mi boca a tu raja. Nuestras lenguas buscaron la fuente más grata.