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Llegaste cansada

Llegaste a mi casa cansada,
y fuiste perdiendo tu ropa ajustada.
Al tacto del tacto cerraste los ojos,
y mano con mano masaje del lodo.

Y el lodo fue tu pecho perfecto,
tan firme y tan tierno.
Y todo fue la curva de tus piernas,
que se pierden en líneas internas.

Y tú, relajada, comenzaste a abrirte.
Y yo, excitada, comencé a subirme
a tu cuerpo de gata.

Y di mi coño a tu cara.
Y di mi boca a tu raja.
Nuestras lenguas buscaron la fuente más grata.