La tarde era de campo
y tú, y yo, solas
al viento.
Al sol de la tarde, con
tacto
quisiste enseñarme
los senos.
—¡Topless!—; dijiste
traviesa.
De espaldas miraste al
cielo.
Con lluvia de flores rocié
tus pechos
y a tu piel quedaron sujetas.
Mi mano solícita
quiso espantarlas,
y mis dedos volaron por
esas firmezas,
y sentí tu piel
en mi piel eléctrica.
Lástima que mujer
tan bella,
con esa sonrisa y miradas
tan tiernas,
placeres de mujer no quiera. |
 |