Tu novio te trajo a mi
fiesta
la música alta,
la casa llena.
Corría el alcohol
y la juerga,
y tú, cada vez
más seria.
Al cabo de un rato llegó
ella,
la otra, la cerda, la
perra,
la que iba detrás
de tu novio,
la que tenía clavados
sus ojos.
Triste y cansada quisiste
marcharte.
Te traje a mi cuarto para
que llorases.
Tu cabeza en mis pechos;
y se encendieron.
Al poco tristeza se convirtió
en beso.
Y el beso en caricias
en lo más secreto.
Y secreto a secreto se
rindió tu sexo. |
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