Me sorprendiste dormida
con un beso en los labios.
Te respondí abrazando
tu cuerpo cimbreado.
Separaste mis piernas
y me besaste el vello,
y tu lengua jugó,
y me robó el perineo.
La nariz hizo de arado
para preparar los surcos
que recibieron tu lengua.
Los labios fueron buscando
los pliegues más
profundos
y me dieron el viento,
salado. |