Sé que no me miras
tras la puerta, furtiva.
Nunca te has atrevido
a acariciarte conmigo.
Sólo me quedan las
bragas.
Me recuesto en la cama.
Me las pongo en las rodillas.
Sé que no me miras.
Me enciendo con las caricias
de mis manos y mis dedos.
Quisiera la miel de tus
pechos.
Mis labios buscarían
tu coño,
mi lengua tus sabores.
Tú no quieres,
pero me miras. |