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Tumbada en el sofá

Y yo tumbada en el sofá sobre la espalda.
Te metiste desnuda entre mis piernas.
Me abriste la bata lentamente.
Me quitaste la ropa despiadada.

Me besaste los pechos y el vientre
y los pechos y la boca
y la lengua mojó la rosa
de mis pechos inflamados, dulcemente.

Y llegaste con las manos a los pelos
que cubren la grieta de mi entraña,
guardada por la puerta sonrosada.

Te abrí para que entrases con tu lengua, 
con tus dedos, que frotando con saña
sacaron el mar de mi morada.